Todos queríamos ir
al campo de «la tita Antonia»,
donde en su cocina del patio
tras el delantal de cuadritos,
preparaba los espárragos,
pucheros, callos con perejil,
arroz con leche y membrillo,
olía a laurel y albahaca,
hinojo, romero y tomillo.
Luego en su silla baja
Cosía con arte y babricaba
figuras de muchas cosas,
que su imaginación creaba .
Por la tarde en un poyete
encendía el brasero,
recogiendo leña suelta
que encontraba en el huerto.
Y cuando la luna llena
brillaba con las luciérnagas,
buscábamos caracoles
con canastos y linternas,
ya en los troncos de los árboles
ya debajo de las piedras.
La casa te echa de menos
donde quedaron macetas,
que tus manos primorosas
cuidaban con delicadeza…
Jierro
