Mi sonrisa no cuesta nada,
es una luz que se enciende,
ilumina el rostro y la mirada,
se posan en tus ojos que dormitan
y cálidamente la llama prende,
dejando paso a la alegría,
se lleva la sombra de negras alas.
Rompiendo la monotonía
que aprieta tu corazón,
guardado en saco de cuero,
gozo de tu compañía
en un inesperado encuentro,
más aquel viaje acabó…
Ahora conmigo a solas,
en otras tierras, yo sueño,
que ya ni siquiera estoy,
y camino como un ciego
con dulces soplos al oído,
la carga que lleva el recuerdo…
Jierro
