Estoy impaciente por asistir al momento en que Facebook, Twitter, etc. se vean de pronto como antiguallas y nadie se explique el atractivo que tuvieron. Voces críticas surgen con cautela porque todo el mundo tiene miedo a hablar demasiado pronto y a que lo llamen antiguo.
Tim Cook, nada menos que consejero delegado de Apple, asegura que jamás permitiría a su sobrino de doce años que tuviera acceso a las redes sociales:
«Sólo Dios sabe lo que se está haciendo con el cerebro de los niños»
…decía Sean Parker, uno de los fundadores de Facebook.
Cuanto más futurista parezca ser algo, más rápidamente se derrumbará en el pasado. Todos aquellos diseños tan atrevidos de muy poco tiempo atrás pasaron de lo deslumbrante a lo grotesco, es decir, formando parte de las montañas de basura tecnológica que contaminan la tierra y los ríos en los países más pobres del mundo.
El pecado que más puede desacreditar en estos tiempos es el de haberse quedado atrás, el de no estar a la última. ¿Quién no ha visto colas de gente esperando la apertura de la tienda Apple para comprar cuanto antes el ultimo modelo de iPhone? Es una fascinación irracional para quien la sufre, pero extremadamente rentable para quien la alienta y se beneficia de ella.
Una bicicleta de los años 20 es un objeto de una modernidad esplendorosa, la Blackberry que me regalaron hace 20 años es un fósil perdido en el fondo de un cajón donde guardo cosas obsoletas de las que no sé cómo desprenderme…
Estamos educados o adoctrinados, para celebrar lo último… ¿Pasará con las redes sociales lo que pasó con los teléfonos móviles de los 90? ¿cuánto les falta para convertirse en fósiles?
Jierro
