Sin recompensa

Sin recompensa

Ve el labrador que su trabajo
no tiene recompensa, aunque pierda el aliento,
el intermediario se lleva sus frutos,
sus fatigas las convierte en dinero,
el humilde propietario abandona sus tierras
o las vende a hombres poderosos
y los bienes se reúnen en pocas manos
con campos de monocultivos,
hasta convertirlos en yermos.

Las naciones se dividen entre un grupo de ociosos y opulentos
y una multitud de pobres menesterosos.
El arte de gobernar será entonces:
someter el mayor número de hombres a la opresión…

La Tierra sufre escenas terribles,
lo que ocurrió en la antigüedad se repite
y las experiencias de los tiempos pasados,
¡ojalá sirva de enseñanza!.

El pueblo unido y movilizado, nos traiga,
UN HORIZONTE DE ESPERANZA Y LIBERTAD PARA TODOS…

Jierro


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