Volvió a la fuente y al arroyo
donde se reflejó su rostro,
antaño, joven y bello…
Preguntó: ¿Qué ha pasado? A su amigo el viento…
¡Qué apenas reconozco en tus aguas,
el semblante que se hizo viejo!
Cuando partí llena de aliento
hasta otra tierra, para mí ajena,
en un hogar donde notaba la ausencia
de montañas, ríos, frondosas sierras…
Regresé como golondrina a la vieja casa
que me dió asilo cuando niña era,
y escuchó los secretos juveniles
de sonrisas o disimuladas lágrimas…
Ahora, cuando pasó el tiempo,
las voces resuenan con el eco,
al cruzar por el salón espacioso
de telarañas y polvo cubierto…
¡Qué extraño y a la vez qué apacible!
Lo que fue bullicioso, está desierto…
Jierro
