La minina que incubaba, había salido de cuentas y el cascarón se rompió.
Cuando entré en el gallinero, a pesar de la calor, mi cara era de júbilo.
¡Qué alegría y qué misterio, ver de nacer un pollito!
Su madre seguía clueca, calentando a los demás; pero él era valiente, no necesitaba ayuda.
Y con su pequeño pico salió a la claridad…
Jierro
