Mi espíritu inquieto y viajero
acepta sereno estar cautivo,
no puede ver el mar ni otros cielos,
aspira olores de brisa que trae el viento.
A través de la sierra, yo camino,
los perfúmenes de jarales y romeros
penetran por la piel y los sentidos.
Busco las plantas más frondosas
a las que los rayos del sol besan sus hojas
y al atravesar sus ramas languidecen.
Traen la luz y el calor del verano;
entonces las sonrisas a mis labios vuelven…
Desde el rincón más hermoso de la Tierra,
mis sueños cruzan horizontes lejanos…
Jierro
