Vivo, sin vivir conmigo,
esclava de la mente, confundida,
que el espíritu entiende
y los labios no son testigos
del amargo y crudo tormento,
con el que sueño dormida
y vuelvo a soñar cuando despierto.
Aquella hermosa y loca fantasía,
que busco y anhelo sin sosiego,
la sed que nunca se apaga
y me lleva a beber de nuevo…
Me dice entonces, mientras tanto,
la alborada que nace tras los montes
y la aurora con su luz blanca,
serena cuando termina la noche,
alumbrando lo más profundo del alma,
cuando el rocío mi rostro moje,
que en mí vive, el soñado fantasma,
oculto sin saberlo nadie…
Jierro
