No llega la lluvia entrañable,
pasó el verano del membrillo
y suena la hora inefable,
en este pueblo testigo,
de ver pasar la sequía,
de gente que se junta paciente
a observar el día a día…
Los gorriones con su griterío
en las glicinias entran y salen,
saltando a su libre albedrío,
rescatan entre las flores secas,
algún que otro gusanillo
que entre hojas amarillas,
se hallaban escondidos,
abren sus alas suaves
presumen contentos y chillan …
El aire ha cambiado y cubre
de humedad lejana y tardía,
esta tarde quieta de octubre…
Jierro
