Me falta que el hogar esté repleto
de los seres queridos, como en otros tiempos,
sólo nos acompañan,
las presencias invisibles de los que se fueron,
donde las paredes guardan los murmullos
en el calor del fuego de invierno…
Me falta los cantos de pastores
que alegran el alma y alejan el silencio,
las caricias de las manos y los roces de los besos…
Y sin embargo…
La amarga realidad, cosas de la vida,
quiere escuchar campanas en el aire
que digan: «TODO FUE UN SUEÑO»
Jierro
