Suena la guitarra, tocan las palmas,
cantan por tangos en la plazuela,
los pies se mueven, brazos levanta,
la bailaora sale a la escena.
Se remueve la sangre por todo el cuerpo,
cierra los ojos y el quejío entra en las venas
y va reflejando en su bello rostro
alegrías, tormentos, gozos y penas.
Gira, se agacha, levanta la falda,
desplanta, vibra, se contonea…
Sus manos hablan con mucha fuerza,
los tacones estallan y zapatean…
«Quedamos en éxtasis», rompe el silencio.
Sentimos todos esa pasión
que la bailaora sin hablar nos cuenta…
Jierro
