En la ALPUJARRA ALMERIENSE es posible contemplar una arquitectura sin arquitectos que ha sobrevivido al paso de los siglos. Algunas casas están literalmente colgadas sobre la rambla y los tejados son azoteas cubiertas de una arena especial llamada «LAUNA».
La ALPUJARRA ALMERIENSE con pueblecitos salpicando las laderas son la más pura esencia de lo que fue AL ÁNDALUS. Gracias a las fronteras naturales que establecen sus vertiginosas cañadas y a su difícil acceso, la comarca preserva sus señas de identidad casi intactas porque no ha llegado hasta allí el turismo de masas… Solo se respira «PAZ» en este conjunto de barrancos, saltos de agua, bosques y prados verdes al sureste de SIERRA NEVADA.
La historia señala que en este mágico paraíso lleno de hierbas medicinales, pájaros raros y exclusivas flores, a esta tierra de pastoreo, llegaron los seguidores de ABEN HUMEYA huyendo de las persecuciones de los cristianos, tras la conquista de GRANADA.
La piedra y la cal conviven y recuerdan a las medianas rifeñas, los pueblos arracimados del valle parecen trasladarnos al norte de ÁFRICA. Los árabes irrigaron y sembraron agua… aterrazando, cultivando frutos semitropicales en las laderas de montañas coronadas de nieve. En tiempo de los romanos la cordillera estaba cubierta de densos y corpulentos bosques, que separaban la zona costera del interior.
Su inexpugnabilidad frente a romanos, árabes, castellanos y franceses a lo largo de la historia ha hecho posible que antiquísimos usos y tradiciones lleguen intactos hasta nuestros días. El último rey nazarí de GRANADA «BOABDIL EL CHICO» se refugió en esta fortaleza natural.
Los pueblecitos humeantes en los atardeceres del invierno para combatir el frío, nos habla de la vida de sus vecinos que a veces tienen problemas con los caminos que quedan incomunicados por la nieve o los desprendimientos. Las casas más viejas se caen, apenas hay uvas para vendimiar y solo los olivos y castañares dan sustento, así como los trabajos artesanos de elaboración de quesos de cabra, trabajos artesanos de alfombras, tapices, canastos, dulces…
El turismo rural empieza a calar en estos pueblos, y ya se ven alojamientos deseosos de acoger huéspedes. Puede que para los forasteros de paso la amabilidad de estos paisajes sea un idilio con la NATURALEZA, pero la situación de estas gentes perdidas en estas aldeas de la sierra es realmente dura…
Jierro