La chancla

La chancla

Jugó con ella y volaba;
Al viento de poniente, el «terral»,
le gustó aquella chancla;
No pensó nada en su ama,
que se quedaba descalza,
dando tumbos por la playa,
para ver si la encontraba.

Pero se abandonó a la aventura,
con las corrientes y resacas,
atravesó el mar de Alborán,
y de vez en cuando flotaba.
Al alcanzar la otra costa,
quedó en la arena varada.
Un niño buscando conchas,
encontró a la viajera extraña.

Te sentirás perdida, le dijo,
no puedes volver atrás,
porque el viento ya te empuja,
sin compañera, acorralada,
nunca te entregues, resistimos,
la vida nos zarandea,
y si no quieres estar sola,
tendrás un sitio conmigo…

Jierro

Imagen: Ciara Ní Riain, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons


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