¡Pocos suponían entonces que un dignatario llegado de DAMASCO sería coronado emir en la mítica CÓRDOBA ROMANA!
Cuando en el 755, ABDERRAMÁN, hijo de una ilustre familia OMEYA desembarcó con un ejército de sirios, yemeníes y bereberes andaluces a una tierra prometida «Al-Ándalus», al año siguiente creó el EMIRATO de CÓRDOBA y pasó a ser ABDERRAMÁN I.
Los dominios fueron ganados desde el SUR hacia el NORTE, con diferentes etapas. «Se ha dicho que los árabes sólo eran felices allí donde florecía el olivo»… y es verdad, desde Almuñécar, ABDERRAMÁN I subió hasta CÓRDOBA donde estableció su corte. Tanto él como sus herederos se afanarían en solidificar una sólida red capilar de castillos que acabarían convirtiéndose en pujantes ciudades.
De camino a Málaga desde las playas de Almuñécar, entre las rugosas montañas y cerros, se abre la comarca de la AXARQUÍA. Su pasado árabe es evidente en el legado de su sociedad y cultura. Ésta fue tierra de avituallamiento, región de huertas y prados cultivados donde enraizaba el trigo, el olivo y la vid.
La ciudad de MÁLAGA conserva su memoria árabe en el Castillo de Gibralfaro. Luego el itinerario prosigue hasta Ronda escenario de luchas y batallas con edificios como la Casa del Rey Moro y el Palacio de Mondragón…
ABDERRAMÁN I fundó un emirato con capital en CÓRDOBA que, en el 773 se independizó de BAGDAD, capital del imperio Abasí y la MEZQUITA DE CÓRDOBA es hoy el monumento más antiguo conservado de Al-Ándalus.
Los OMEYAS de Al-Andalus se presentaron como dignos sucesores de los emperadores hispano-romanos y de los Reyes Godos de Toledo. Por eso la reutilización de las columnas romanas y visigodas en las naves de la MEZQUITA, no respondía sólo a un ahorro económico y de esfuerzos ni a una exaltación del triunfo del ISLAM, sino que asumieron su legado cultural y monumental.
Los constructores adoptaron el Arco de Herradura y la alternancia del rojo y el blanco de los arcos pasó a convertirse en una seña de identidad de los OMEYAS y de AL-ÁNDALUS…
Jierro
