La destrucción del hombre

La destrucción del hombre

Cada vez hay menos agua. La contaminación, el derroche, la deforestación y el aumento de la población hacen del agua un bien precioso…

De vez en cuando, a lo largo de la historia, había épocas en que la existencia misma del hombre estaba amenazada por la guerra, las enfermedades y el hambre, pero las personas conseguían sentarse juntas y razonar sus problemas hasta encontrar una solución. Y siempre en estos tiempos había quienes se burlaban o instaban a la guerra como el único medio de supervivencia.

Hoy, más y más gente expresa su preocupación y miedo por la posibilidad de destrucción del hombre: la acumulación de armas nucleares, la explotación de los recursos naturales que merma el suelo y el aire mismo que respiramos. A medida que las selvas vírgenes que crean el oxígeno son arrasadas y se convierten en desiertos o el fuego quema los bosques, vemos naciones enteras padeciendo hambre.

Al considerar los problemas actuales se pone de relieve, y con razón, la devastación del hábitat natural del ser humano, sin cuya conservación se hace difícil concebir su normal continuación en el planeta…

Menor atención se presta a un hecho en cierto modo paralelo al ecológico y es la progresiva uniformización de las diversas culturas porque es muy difícil sustraerse al poder tecno-económico perdiendo rápidamente el sentido de las tradiciones…

No se trata de defender el pasado por interés folklórico, sino de comprender cómo culturas ancestrales finalizan con el último anciano conocedor de una cultura popular, casi siempre de tipo oral, o con el artesano sin aprendices que continúen su labor…

El hecho es que Oriente, África, América y Oceanía están dejando de ser lo que eran a una velocidad vertiginosa.

Asimismo, es bien sabido que la era tecnológica se caracteriza por la mayor tendencia al aislamiento de las personas, que confinadas en células de carácter individualizante se comunican con el exterior por medios electrónicos, a diferencia del sentido comunitario propio de las sociedades agrarias.

Quizás los avances científicos, no sean los que nos otorguen verdadera unidad y concordia, habrá que buscarla mejor en nuestra propia condición humana, en las sonrisas y en las lágrimas que forman parte de nuestro lenguaje común…

Jierro


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