La feria de abril de Sevilla

La feria de abril de Sevilla

Los orígenes de la Feria de abril de SEVILLA datan de 1846 cuando dos concejales la propusieron para compra y venta de ganado.

Lo que comenzó como un evento puramente comercial, con el paso de los años el pueblo de Sevilla ha ido haciéndolo suyo hasta llegar en el presente a considerarse como una explosión de colores y alegría donde todas las personas que acuden se contagian y disfrutan cada año.

Dos semanas después de la Semana Santa, el sábado a las 12 de la noche se prueba el alumbrado, con el encendido de su portada.

De día el carruaje es el vehículo de transporte permitido en el Real de la Feria, los cocheros van ataviados con el traje corto y el sombrero de ala ancha, así como los caballos con sus bolas, campanillas y cascabeles…

El traje de flamenca es el tradicional y habitual en romerías, ferias y cruces de mayo. Proviene del traje típico de la maja andaluza del siglo XVIII. Y en la actualidad cada año evoluciona según la moda flamenca, aunque nunca faltan: mantones, abanicos, peinetas, flores…

El traje típico del majo andaluz tenía una abundante decoración, pero se ha ido abandonando para sustituirlos por trajes de campo más prácticos y austeros.

Ataviados con sus correspondientes galas se hace una exhibición diaria por el recorrido del Real, de caballistas y coches de enganche y en la Plaza de toros de la Maestranza.

La «Calle del Infierno» es la de los «Cacharritos», con este nombre se conoce en Sevilla al parque de atracciones que se instala anexo al Real de la Feria.

Los espectáculos taurinos son paralelos y entonces se abre la temporada.

Por la noche no transitan caballos ni carruajes. Suena la feria en las casetas públicas y privadas, se degustan tapas, comidas típicas y la noche del «pescaíto», acompañados de manzanilla, vino fino, rebujito… De madrugá, se toman los churros «calentitos» con chocolate caliente…

Y no faltan «las sevillanas» consideradas como un baile con cante de estilo flamenco, acompañado por palmas y castañuelas.

En la segunda mitad del siglo XIX la clase burguesa aprendió junto con los gitanos en los corrales y patios de vecino, y hoy día es universal, sólo hay que pronunciar la palabra
«SEVILLA».

Jierro


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