La fotografía como arte

La evolución de la fotografía ha recorrido un largo camino. En comparación con la cámara oscura o las placas de metal, en las décadas de 1980 y 1990, varios fabricantes trabajaron en cámaras que almacenaban imágenes electrónicamente. Las primeras fueron cámaras de apuntar y disparar que usaban medios digitales en lugar de películas…

En 1991, Kodak había producido la primera cámara digital. Otros fabricantes le siguieron: Canon, Nikon, Pentax… En casi 200 años, la cámara pasó de ser una simple caja que tomaba fotos borrosas, a las mini computadoras de alta tecnología que se encuentran en las DSLR (cámaras réflex) y los teléfonos inteligentes…

Fotografiar cualquier lugar es el arte de un fotógrafo inquieto que procura que sus imágenes reflejen algo de lo que le impresionó y que los demás vean a través de sus imágenes lo que es, lo que le importa y lo que le gusta, incluso a riesgo de perderse elogios…

Debemos fotografiar como sentimos y aceptar que nuestro trabajo, tal vez, no sea del todo original o lo brillante que nos gustaría. Para hacer buenas fotografías sólo necesitamos la voluntad de querer hacerlo. No se trata de utilizar técnicas y equipos sofisticados, ni hay que viajar al fin del mundo para encontrar las tribus más perdidas, los bichos más raros o los picos más altos… muchas veces lo tenemos en nuestro entorno, es la realidad más próxima y a diario conocida la que mejor nos permite captar el alma de las imágenes…

El trabajo que el fotógrafo debe afrontar con respeto son las luces naturales y artificiales. Son ganas de todos los fotógrafos las luces del amanecer y del atardecer, el juego de luces y sombras.

El registro del movimiento puede ser tan importante como la nitidez y si el pulso no lo ejercitamos lo suficiente, necesitaremos un buen trípode.

Uno de los mejores placeres del fotógrafo es pasear con las luces últimas de la tarde o del amanecer, que puede otorgar un cierto misterio a alguna escena.

La posición más baja del sol hace que las sombras se prolonguen y aumente el volumen de los cuerpos iluminados, dotando a la escena con un aura mágica. Y entonces esa imagen muestra algo de nosotros mismos…

Jierro


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