La isla de Cabrera

Formada por 19 pequeños islotes, la ISLA de CABRERA, pertenece al término municipal de Palma de Mallorca, esta isla de la Gimnesia, en el Archipiélago de las Baleares, era ya uno de los lugares más bellos del mundo hace milenios. Un paisaje intacto a cuya sombra navegó ULISES, calas en las que desembarcaron los cartagineses, los piratas, el gran puerto natural que conoció PLINIO, es vida: un tapiz vegetal denso, pese a los recursos limitados del mundo mediterráneo, de severa sequía estival.

Las rocas calcáreas multicolores resistiendo desde siempre a los temporales en un mar cambiante, sea con la calma del mar o el estallido bronco de las tormentas, y el esplendor del cielo nocturno lejos de cualquier luz artificial…

La belleza de esta isla la generan los componentes naturales: el azul transparente de las aguas y la vegetación sobre fondos de arena.

Miles de aves marinas encuentran refugio y alimentos: invertebrados y reptiles endémicos, diversas especies de delfines, tortugas marinas, algas y corales, praderas de posidonias…

Los ecólogos han descrito unas lagartijas comeflores, que han adaptado su metabolismo para incluir el néctar y el polen entre sus alimentos, y se han convertido en polinizadores.

Un asombroso ejemplo de ciclo anual lo proporcionan las rapaces y las aves migratorias, desde el halcón peregrino, los halcones de Eleonora, y una buena densidad de aves nórdicas que aprovechan las bayas y otros frutos silvestres. Y el ciclo de caza y de viajes sigue año tras año…

No tiene habitantes desde el año 1991, cuando pasó a ser PARQUE NACIONAL.

La llegada a CABRERA tiene un atractivo indiscutible por la sucesión de pequeños islotes y en el puerto se encuentra el muelle principal, el albergue, el castillo, el museo y las principales instalaciones de la isla.

Hay que ir bien preparado con todo lo que se necesite, pero más importante aún es llevárselo todo de vuelta.

En el siglo XVI se construye el castillo para proteger la isla de los piratas berberiscos, marcando la historia de las ISLAS BALEARES.

Cuando los vigilantes oteaban un barco pirata, lo comunicaban con señales de fuego a las atalayas del sur de MALLORCA, y de allí al resto de la isla.

Cuentan las crónicas que una de las penas más duras, peor incluso que ir a galeras, era la de ser vigía en CABRERA.

La isla ha logrado escapar de la especulación inmobiliaria y, envuelta por numerosas leyendas, es un remanso de paz…

Jierro


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