La isla de Helgoland

La isla de Helgoland

La isla de HELGOLAND se encuentra a 70 kilómetros de la costa alemana, al norte de Hamburgo, en la desembocadura del río Elba. La meseta rocosa de HELGOLAND fue modelada primero por los glaciares cuaternarios y después por las aguas del mar. Es un lugar verde, rojo y blanco, que quién sabe sí se hundirá o emergerá al final de las aguas. Las nieblas plateadas y sedosas que la envuelve con una vegetación siempre verde en la zona alta donde viven unas ovejas, un buey, una ternera y unos poneys.

Al llegar, te liberas, te dejas absorber por este sitio sin árboles, sin polvo, sin automóviles. Admirando su faz, ingieres su aire, su yodo, su ozono, su sal; sientes la vida que late en las aves y sientes la de la isla… Los halluner aún la llaman LUNN, país de salud, o lugar en que, en una dorada ERA, se habrían realizado cultos y venerado divinidades de donde venían los atlantes que vivían en el fin del mundo y eran criaturas divinas.

HELGOLAND es una estación ornitológica muy importante, al mismo tiempo que un centro de atracción turística. En el pasado 1890, la isla fue cedida a Alemania por Inglaterra a cambio de Zanzíbar. Acabada la Segunda Guerra Mundial los ingleses intentaron destruirla con 700.000 toneladas de explosivos, luego los alemanes la usaron como blanco en ejercicios de bombardeo, hasta que decidieron conservarla. Allí se encuentra una Estación Ornitológica donde se anillan las aves y se pasan al registro civil, para después devolverlas a su libertad. Aunque la mayoría de las aves: escuadrillas de ánsares, ocas volando hacia su destino, currucas, chorlitos y otras aves así como las focas que descansan en el islote, nos hablan de una unidad universal, por encima de las fronteras y de las limitaciones humanas, con un permanente y milenario intercambio vital…

La historia de este islote de kilómetro y medio cuadrado, esta tierra de los Mares del Norte, que emerge o desaparece según el estado del mar fascina en una amalgama de misterios, imaginaciones, tradiciones y realidades que ejerce una atracción por sí misma o más bien por haber formado parte de antiguos continentes y épocas en los que se pierde el origen del hombre.
Entristece conocer las vicisitudes humanas de la isla que está aureolada de historias de piratas más o menos reales…

Jierro

Imagen: Carsten Steger, CC BY-SA 4.0


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