Añoro desde la distancia,
aquellos días dispersos,
cuando soñé que soñaba,
y me sentía tan libre,
en aquel horizonte inmenso
de armoniosos paisajes:
verdes, moteados, grises…
frente a montañas de hierro.
Atesoraba la magia,
que ya tenía olvidada,
que con gran fuerza invisible
yo, era su heroína,
ellos, héroes de mi infancia.
Sus historias eran mis historias,
y en lecturas escondidas,
que al estudio robaba,
sus aventuras sin tregua,
me daban fuerza y gracia…
El Capitán Trueno, el Jabato,
el Cosaco Verde, Carpanta,
cambiaba de color mi iris,
transformaba mi mirada,
y es que aún soñé que soñaba…
Jierro
