Decía San Agustín: «Y van los hombres a admirar las alturas de las montañas, el enorme flujo del mar, el discurrir de los ríos, la inmensidad del océano y el curso de los astros, y se olvidan de sí mismos».
Las montañas reúnen en torno suyo las energías de la vida, y por ello no es de extrañar que las personas las hayan vinculado siempre a sus dioses o a las fuerzas que no acaba de entender o dominar. Así, igual que las cimas altas se han mirado siempre desde abajo y que ciertas colinas se utilizan para pasear y hacer excursiones, otras montañas singulares simbolizan mucho más, como las cumbres que inspiran auténticas leyendas.
Esos oteros que se elevan solitarios entre los trigales, esas sierras sobre las que parece detenerse el sol al mediodía o aquellas cortaduras donde unas nubes auguran cambios en el tiempo. Todas pueden llevarnos al simple esparcimiento, aunque más a menudo sea la vista quien lo haga…
Las montañas tienen la capacidad de conmovernos e impresionarnos con su belleza y majestuosidad, al estar en una montaña podemos disfrutar de frescos vientos y deleitarnos con su hermosa fauna.
No es de extrañar que millones de personas acudan para respirar aire fresco, disfrutar de una caminata y sencillamente para hacer deportes o disfrutar de paz y tranquilidad. Las cimas de las montañas son un lugar para la reflexión, la belleza y la pureza. Hogar de creencias y divinidades para innumerables culturas, los picos más altos de cada continente sirven como lugar de conexión con la naturaleza en uno de sus estados más puros.
En países de todo el mundo, las montañas son fuentes de agua, energía y alimentos para casi la mitad de la población mundial. Las montañas no sólo proporcionan un sustento directo y mejoran el bienestar de 1.100 millones de personas que viven en las montañas de todo el mundo, sino que también benefician indirectamente a miles de millones más que viven aguas abajo.
Tiempo atrás, la persona vivía rodeada de cosas más naturales: aldeas, casas, ropas y alimentos tenían ese tacto impagable de lo orgánico. Esto colocaba al ser humano más cerca de esa energía vital que late por todas partes. Por eso, ahora quizá, se hace necesario acercarse periódicamente a esos lugares que todavía resisten, a esas sierras donde se cobijan hoy las plantas, los animales y las aguas que antes se esparcían por los llanos. Entre las personas y la montaña existe una antigua amistad…
Jierro
