En las capitales de EUROPA, al corazón de la NAVIDAD lo anima un gran abeto decorado con mimo y conciertos de bandas de música. Con vino especiado calentito para resistir a la intemperie, puestecillos a rebosar de dulces y calles vestidas de luz donde los mercadillos se convierten en el epicentro.
El gentío deambula mientras aprovecha para comprar regalos y escuchar villancicos. En SALZBURGO (Austria), la ciudad que vio nacer a MOZART y al villancico «NOCHE de PAZ», no hay que perderse los coros y conciertos, las exposiciones de belenes y el Museo de la NAVIDAD…, un ambiente de cuento envuelto en aromas de canela, castañas y galletas recién horneadas…
En PRAGA (República Checa), la palma se la lleva cada año el mercado de la icónica plaza de la ciudad vieja, vigilado por las torres de la iglesia de Tyn y el reloj. En BUDAPEST (Hungría), la nieve y el frío pelón le sientan como un guante a esta ciudad a orillas del Danubio. Vecinos y visitantes retan a las temperaturas con cervezas locales, calóricos gulash y ven sus espectáculos de luz o patinan junto al árbol de Navidad.
En MUNICH (Alemania), la magia bávara se extiende por las calles, el gentío pasea y se para en los escaparates vestidos de Navidad con bocadillos de salchichas o galletas de jengibre mientras aprovechan para comprar decoraciones únicas, como la Corona de Adviento…
Sin embargo hay otra cara de la NAVIDAD, más allá de las cenas familiares y los villancicos, hay una realidad que muchos prefieren ignorar. Mientras los escaparates brillan con luces y las calles se llenan de música festiva, hay familias que luchan por cubrir sus necesidades, que enfrentan guerras, hambre y crisis humanitarias…
Tal vez, la verdadera MAGIA de estas fechas no esté en los regalos ni en las cenas ostentosas, sino en compartir momentos auténticos y valorar las pequeñas cosas que realmente importan: el amor, la solidaridad y la conexión con quienes nos rodean.
Quizá sea el momento de reinventar nuestras tradiciones navideñas porque, al final, lo que realmente queda no es lo que compramos o recibimos, sino los momentos vividos…
Jierro
