Cada vez van quedando menos paisajes originales en los que nos sintamos verdaderamente como en casa, con gran aceleración, en nuestro espacio inmediato, el pueblo, la calle, el barrio, es transformado en un espacio artificial, prefabricado e impuesto.
No sólo se destruyen los sitios sino también toda la relación personal o colectiva con una serie de lugares que con el tiempo se convirtieron en puntos de referencia de la existencia diaria, lugares cargados de emociones y significados: una plaza, un edificio, un camino o un árbol singular.
En el pasado las modificaciones del paisaje eran lentas, ahora en los últimos decenios, la transformación del paisaje es tan rápida que se produce una sensación de desarraigo, de pertenecer a un lugar al que la naturaleza humana se resiste a renunciar…
Para mucha gente el paisaje es todavía algo más que una mercancía; las personas también formamos parte del paisaje.
Los lugares y los paisajes se convierten en meros objetos de consumo. En los actuales paisajes se pierden las raíces de la gente que los habita.
En cualquier caso, siempre queda la duda en los tiempos que corren de si es mejor eso de sentirse arraigado a un lugar pequeño, en el campo, o desarrollar una actitud más global, la de sentir todo el planeta como «tu casa» lo que implica a veces vivir en una ciudad sin propósitos concretos.
Hay personas que han trabajado en 7 u 8 lugares a lo largo de su vida y no se han enraizado en el lugar, han sido simplemente transeúntes…
Sin embargo el hecho de que vivan personas en un sitio determinado y se produzcan relaciones personales que se establecen en el lugar implica que son esas personas las que ponen los ingredientes y no que otros lo pongan por ellas… De ahí ese amor al pueblo, al terruño, a la ciudad, etc…
Siendo nuestros jóvenes la generación más formada académicamente, su sueldo no le permite comprar una vivienda a la mayoría en el sitio de donde procede o lo más cerca del trabajo, el 43 por ciento de los jóvenes quieren comprar vivienda porque consideran que alquilar es tirar el dinero. Pero el presupuesto que necesitan para adquirirla es cada vez más grande y a menos que se den facilidades o sus trabajos no sean precarios y de contratos cortos no se ve la salida a esta situación.
A no ser que se erradicara la especulación sobre los terrenos y se hiciera una gran oferta de vivienda pública para comprar y alquilar…
Jierro
