¿Es un delito no querer aprender a matar? Actualmente los habitantes del planeta sobrevivimos, con una espada de DAMOCLES cernida sobre nuestras cabezas.
Poseemos armamentos atómicos para destruir en pedazos la TIERRA veinte veces consecutivas… El poder de acabar con toda la HUMANIDAD está en manos de unos pocos.
Lo mismo ocurre con las armas químicas y bacteriológicas. Si utilizasemos los arsenales acumulados, desaparecería la vida humana y otras muchas especies vegetales y animales.
En la producción de armamento se están dando pasos agigantados, justificándolo con cualquier amenaza a nuestra seguridad, en una guerra contra todo.
Miedo que confirma la necesidad de defendernos y promueve la necesidad de armarnos. Un miedo que se materializa en amenazas y enemigos.
Miedo al cambio climático, miedo a la crisis económica, miedo a la incertidumbre, miedo a lo desconocido, miedo al de fuera, al otro, al migrante…
Miedo como la inmejorable estrategia de marketing para los productos y servicios de las empresas de armas.
En una sociedad en la que el miedo está inculcado en las mentes de sus CIUDADANOS, nadie cuestionará la existencia de un negocio perverso como el armamento…
Quienes participan y se benefician de este negocio, los que fabrican, compran, exportan, financian e inventan armas hoy en día son considerados gente respetable… empresarios que se dedican al negocio de las armas como una actividad cualquiera, del mismo modo que lo es el uso de la fuerza Armada para conseguir objetivos políticos e incluso humanitarios…
La guerra se muestra como normal e inevitable. Pero puede que lo que parece normal, no lo sea tanto.
«SIN ENEMIGO NO HAY NEGOCIO»
La UNESCO promulgó que «puesto que las guerras nacen en la mente de las personas, es en la mente de las personas donde deben erigirse los baluartes de la paz».
La militarización de las sociedades y de las relaciones Internacionales genera y perpetúa las guerras de hoy y es el caldo de cultivo de las guerras del futuro…
Jierro
