Resulta imposible saber en qué momento comenzaron hombres y mujeres a ponerse calzoncillos o bragas. Así cuando en 1922 se descubrió la tumba de Tutankamón, entre su ajuar funerario apareció un pañal de lino que podría considerarse un antecedente de los actuales calzoncillos. Los egipcios consideraban al varón superior a la mujer, por eso, la ropa interior era un atributo exclusivamente masculino. Las mujeres no llevaban nada debajo de su vestido, salvo las concubinas y prostitutas que usaban prendas de lencería como atestiguan las antiguas pinturas egipcias.
En 1700 a. C. en GRECIA era una época en la que se rendía culto a la belleza masculina, y en consecuencia a la desnudez del cuerpo del hombre, aunque según HOMERO llevaban unos suspensorios que les protegía los genitales al entrar en combate. Y también de las diosas… Las mujeres llevaban una especie de correa que elevaba los senos aunque no los cubría…
Y fue en el imperio Romano cuando se generalizó el uso de ropa interior motivado por una mayor preocupación hacia la higiene personal. Los gladiadores llevaban una especie de pañal masculino que cubría toda el área genital y lo hicieron muy popular al lucirlo en la arena del circo. Las mujeres sostenían el busto con una cinta de cuero suave y una especie de faja de tejido fino.
En la EDAD MEDIA la Iglesia consideraba al cuerpo humano como algo pecaminoso que debía ser ocultado y las prendas romanas fueron sustituidas por camisones de cuerpo entero que las mujeres llevaban debajo del vestido. Los hombres también usaban largas camisolas para cubrir sus intimidades, aunque con el tiempo usaron el culotte.
La mujer fue la principal protagonista del gran cambio de la ropa interior. Tras la REVOLUCIÓN FRANCESA se rendía culto al cuerpo para sentirse más bella, pero vestirse era una auténtica odisea: camisa, pantalón, corsé, sobrecorsé, enaguas… todo adornado con encajes, bordados, cintas y lazos. El corsé era sinónimo de distinción…
Hubo que esperar hasta finales del siglo XIX para que la lencería femenina adquiriera un aire «SEXY» con la aparición de las primeras medias de seda y los ligueros, aunque su uso quedaba reservado para las llamadas «mujeres de mala vida». En cuanto a los varones, acabaron como esclavos de la lana para su ropa interior.
Fue en el siglo XX cuando la ropa interior tanto masculina como femenina, comenzó por fin a volverse cómoda. Las bailarinas ISADORA DUNCAN e IRENE CASTLE fueron las pioneras en abandonar los corpiños y usar prendas íntimas casi deportivas. Los hombres usaron prendas más escuetas y más baratas a raíz de la crisis económica de 1929. En 1968 un grupo de militantes feministas quemaron sus sostenes en protesta contra el concurso de Miss América…
Jierro
