La ruta compostelana

La ruta compostelana

La ruta compostelana está plagada de huellas de los peregrinos que la han recorrido desde siglos atrás. Ninguna tan significativas como las señales que pagan el camino y que se han convertido en el símbolo para que el peregrino se guíe hacia su destino. Las flechas amarillas que marcan el recorrido y junto a ella la viera en los mojones, similares a los antiguos indicadores kilométricos de carretera distribuidos por la senda peregrina. A esto hay que sumarle las numerosas indicaciones: carteles, señales y avisos que durante las últimas décadas en la vía hacia el antiguo Finis Terrae encontramos el Kilómetro 0.

En cualquier caso, nada hay que identifique con mayor fulgor a quien peregrina a Santiago que la concha. Ciertos relatos la relacionan con los primeros peregrinos que usaban las conchas para recoger el agua para beber de los arroyos que se encontraban en el camino. Y la leyenda más extendida que acompaña a la concha es que un caballero fue milagrosamente salvado de morir ahogado por una barca que conducía los restos del apóstol, cubierto completamente de conchas.

Galicia es la meta. Los últimos 100 kilómetros para alcanzar la compostelana. Y allí en esa tierra que el apóstol Santiago con su leyenda y el poder eclesiástico han conseguido hacer conocida en todo el mundo

Cada una de las conchas que ven en su ruta, ya sea pasando por Palas de Rei o Portomarín, con las pesadas mochilas da un impulso más para acercarse a la catedral de Santiago de Compostela.

¿Quién sabe si el verdadero desafío es el camino? ¿Por qué el camino que impregna Galicia, le deja por todos lados una caricia en el recuerdo? Quien lo recorre sabe que el verdadero destino es el camino.

Y allí frente a la catedral de Santiago o en Fisterra no pocos peregrinos, la mochila caída en el suelo, dejan caer sus lágrimas por el reto satisfecho…

Jierro

Imagen: Deensel, CC BY 2.0


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