La suerte de los pinos

En BURGOS y SORIA existe una costumbre medieval que permite que el mayor pinar de Europa jamás se incendie. Los 36 municipios donde se encuentra el mayor pinar de Europa marcan el paisaje y mantiene un vínculo histórico entre los habitantes y el bosque. A lo largo de los siglos, la gestión de estos bosques ha seguido métodos que hoy se reconocen como sostenibles. Hubo y sigue existiendo una tradición entre los vecinos que permitió que la población mantenga una vigilancia constante, asegurando la preservación de este patrimonio forestal sin necesidad de intervenciones externas.

«LA SUERTE de los PINOS» es una costumbre que se remonta al siglo XVI, oficializada en cartas reales y regulaciones posteriores. Su función es repartir los recursos del bosque (madera de pino, pastos, piedras y setas) entre los vecinos de forma equitativa…

Cada 1 de mayo se sortean los PINOS secos y cada 1 de octubre los PINOS verdes. Quien recibe un lote tiene la responsabilidad de mantener y proteger el monte asignado. Este sistema asegura que la «COMARCA de PINARES» se conserve en buen estado, porque los habitantes están directamente involucrados en su cuidado.

El bosque está compuesto por pino silvestre y pino negral, con enclaves de haya, roble, enebro y quejigo. La distribución equitativa de estos recursos genera un vínculo entre la población y el monte. Al mantener este contacto directo, los vecinos garantizan la prevención de incendios, la limpieza del bosque y la gestión de la biomasa…

En la actualidad, la Ley 3/2009 de Montes de Castilla y León reconoce los derechos sobre el bosque combinando historia, derecho y gestión ambiental… La falta de políticas forestales a nivel nacional aumentó los riesgos en otras zonas, pero en BURGOS y SORIA, la tradición medieval ha garantizado la protección del ecosistema.

Cabe decir que el desarrollo rural con este sistema evita la despoblación asegurando que los recursos naturales sigan siendo aprovechados de forma sostenible. Pese a todo ello la despoblación rural, la falta de mano de obra y el envejecimiento de la población dificultan la continuidad de las labores de mantenimiento.

El problema radica más en la prevención, más allá de invertir en helicópteros o brigadas de refuerzo, urge apostar por la gestión activa del monte durante todo el año. Con apoyo institucional y un plan integral de prevención, este legado único podría seguir de ejemplo contra los incendios en el siglo XXI…

Jierro


Publicado el

en

por