La duquesa, Doña María del Pilar Teresa Cayetana de Silva Álvarez de Toledo. Atractiva y poderosa, la XIII DUQUESA de ALBA falleció a los 40 años, dejando tras de sí múltiples enigmas sobre su vida.
CAYETANA heredó los ducados de HUÉSCAR y de ALBA, ambos títulos junto a inmensos patrimonios en forma de palacios, fincas y rentas. La niña pertenecía a la más alta aristocracia, que en la España de la época formaba una minoría ociosa frente a una plebe que vivía en condiciones precarias, a menudo inhumanas con jornadas laborales de más de 12 horas y salarios de miseria, veía holgar a la nobleza, ocupada en juegos, paseos, reuniones sociales pueriles, intrigas amorosas, o sea, un modo de vida que la duquesa encarnó a la perfección…
El carácter de la futura duquesa se resentiría por la falta de cariño materno. En 1775, según la costumbre se concertó un matrimonio de conveniencia cuando aún no había cumplido los 13 años con José Álvarez de Toledo y Gonzaga, seis años mayor que ella. CAYETANA, mucho más vivaz que él, disfrutó de la vida sin ataduras y tras su prematura muerte la joven se vio en posesión de incontables recursos materiales y libre para organizar la existencia a su antojo. Se encaprichó de una chiquilla negra que sustituyó a los hijos que nunca tuvo; Francisco de GOYA le hizo un lindo retrato.
En la capital trabó relaciones más o menos íntimas con políticos, nobles ociosos, artistas, pintores, toreros de fama, escritores y un sinfín de personajes del MADRID de alcurnia. No dejó de competir en su residencia con veladas culturales que alcanzaron gran renombre, y artistas e intelectuales que pugnaban por participar en estas reuniones…
CAYETANA vivió sin reprimir apenas sus deseos, lo cual dio lugar a intensos rumores, ciertos, imaginados, pero siempre envueltos en un halo de misterio o leyenda. La indudable belleza de CAYETANA contribuyó a tener rivales de la talla de la reina María Luisa de Parma, esposa de CARLOS IV, también rivalizó con Josefa Pimentel, por algunos diestros del toreo, se le adjudicó un idilio con el matador de toros PEDRO ROMERO. GOYA dio testimonio del atractivo personal de la duquesa en lienzos y grabados.
CAYETANA sufrió un síncope que tuvo rumores de envenenamiento. Tras su muerte la reina compró sus joyas a un precio irrisorio y CARLOS IV compró a muy bajo coste el palacio de la duquesa en la MONCLOA, hoy sede de la presidencia del gobierno español.
El escritor francés «marqués de Langle» escribía en 1784: «la duquesa de ALBA no posee un sólo cabello que no inspire deseos»…
Jierro