En las alacenas de las monjas se guardaba una receta que popularizó hace unos treinta años CARLOS CANO: «Medio kilo azúcar blanca, agüita del avellano, al perol la calabaza, tres salves y un padrenuestro y la gracia de tus manos…».
Son las monjas que, desde la clausura de sus conventos preparan sin prisa y con cariño exquisiteces, joyas de la confitería artesanal…
Silenciosas y olvidadas del mundo exterior, las religiosas trabajan a diario en el obrador con ingredientes naturales y recetas transmitidas por generaciones, aunque la crisis y las grandes superficies han dejado una bajada significativa en los tornos de los conventos…
Las alacenas son testigos mudos de la vida diaria de tantas familias, convidadas de piedras de conversaciones y celebraciones, guardianas de recuerdos, de vajillas y el ajuar del hogar… Cuando llegaba alguna fiesta se sacaba todo de la alacena, se limpiaba a fondo y quedaba como los chorros del oro, aunque casi siempre aparecía alguna sorpresa dentro de aquellos muebles, algunas cartas, postales, agujas de ganchillo, algún reloj de cadena de los abuelos…
El origen de la ALACENA era un hueco abierto en la pared creando un receptáculo en el que se disponían baldas y que se resguardaba con una o dos puertas casi siempre de rejillas para tener ventilación.
Como una curiosidad muchas alacenas tenían como respiradero una especie de flor, que se cree que era un símbolo solar, en Galicia de tres pétalos, en el país vasco de cuatro y en Andalucía de cinco pétalos. Este símbolo tiene el mismo origen que el lauburu vasco o la cruz gamada de tan triste recuerdo…
A partir del siglo XX las alacenas fueron fabricadas en madera que podían trasladarse o colgarse. La tendencia de la moda identificaba a la alacena con un mueble de dos cuerpos (mezcla de armario volado y aparador), uno superior con puertas de celosía o cristal y otro inferior formado por armarios cerrados. La ubicación en la casa de este mueble mixto está en el comedor o la cocina, donde en su parte superior se muestra el escaparate de lo más valioso o querido de la vajilla familiar: platos, bandejas, fuentes de porcelana, cristalería etc…
No podemos negar que ha vuelto lo vintage, lo retro, lo que usaban nuestras abuelas y eso despierta en nuestra generación algo entrañable que esconde una belleza especial…
Jierro
