Las atracción de las cumbres

Las atracción de las cumbres

Mucho se ha hablado sobre el secreto anhelo que mueve al excursionista a adentrarse en medios tan duros como la alta montaña. La atracción que ejercen las cumbres llega a ser prácticamente espiritual, permite encontrarnos con nosotros mismos, la alta montaña no se vence, ella dicta sus propias leyes estableciendo un contacto estrecho y real entre el hombre y el resto de la Naturaleza.

Conocer estos parajes está al alcance de todos, descubriremos que nuestros sentidos se acercan a una realidad que se diluye cuando volvemos a las tierras bajas…

En la alta montaña todo está en proceso de continuo cambio, en las crestas barridas día y noche por el viento, se observan murallas de piedra que se levantan en vertical para hundirse en profundos precipicios.

Mientras no se posea experiencia es mejor ir siempre acompañado de gente familiarizada con ella, una cuestión muy importante es cómo afrontar el miedo. Hemos de ser conscientes de que sólo contamos con nosotros mismos para salir de alguna situación delicada en montaña. Ante todo nunca se debe perder la tranquilidad, la confianza en nosotros mismos es esencial.

El tiempo es otra cosa muy importante, las tempestades son muy peligrosas e imprevistas, entonces conviene regresar.

La montaña nos aguarda para hacernos vivir experiencias inolvidables, si la marcha es dura convendrá tener los tobillos fortalecidos, usar ropa y calzado adecuados y un ligero equipo básico, incluyendo gafas de sol, guantes, gorra, anorak, pasamontaña, comida que no se estropee, frutos secos y agua, además de un escueto botiquín y bastones…

Un sentimiento de grandeza subyace cuando nos encontramos arriba y al adentrarnos en una espesura de pinos u otras coníferas existe una serenidad y sobriedad que impregna todos los rincones, como si los troncos elevados fueran los pináculos de una catedral.

Cuando termina el invierno la montaña estalla en mil colores y esencias donde las flores crecen y completan su ciclo vital antes que vuelva el otoño…

Jierro


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