Mientras el mundo de hoy sufre una crisis generalizada de valores y triunfa la secularización, se produce un interés creciente por lo espiritual. Así muchas universidades de todo el mundo ha creado departamentos de Estudios Religiosos.
En el ámbito popular este interés se expresa por una profusión de grupos espiritualistas al margen de las iglesias institucionalizadas. Y como el hombre sigue siendo un «animal religioso», lo que no encuentra, lo busca en otras direcciones…
La ciencia ha demolido buena parte de las antiguas visiones del mundo de carácter religioso, esta situación se convierte en un adecuado caldo de cultivo para la aparición de «nuevas sectas».
De este modo los sedientos de una verdad absoluta y que esperan un próximo paraíso terrestre tenderán a incorporarse a sectas utopistas.
Desde luego que no pueden medirse todas las llamadas «sectas» por el mismo rasero.
No puede compararse, por ejemplo, a los pacíficos e inofensivos «AMISH» (empeñados en vivir su sencilla religiosidad al margen de los adelantos técnicos de la vida moderna) con los «NIÑOS DE DIOS», una secta que ha dado muestras suficientes de perversidad social.
No se trata de atacar a nadie porque sus creencias sean distintas a las nuestras. El problema comienza, ni más ni menos, cuando es la libertad de los demás la que es amenazada, por ejemplo, cuando alguien que desea abandonar uno de estos grupos no puede hacerlo.
Muchas de las personas que se incorporan a una «secta» lo hacen porque, frente a la soledad y egoísmo que caracterizan al vivir actual, sobre todo en las grandes ciudades, estas ofrecen un tipo de vida más fraternal. Algunos de estos grupos dan de veras un mayor calor humano…
Lo que hay que valorar y mantener es el respeto y la libertad de todos. En primer lugar el sentido crítico, desconfiar de revelaciones personales (mensajes espirituales), si bien es cierto que existe el derecho a equivocarse en ese camino de cada uno que es la vida, conviene cultivar la prudencia. A lo que cabe añadir amor y respeto, condición fundamental de todo «crecimiento».
Con una actitud de procurar buscar el equilibrio, la objetividad y la benevolencia resulta más fácil no extraviarse…
Jierro
Imagen: THERKD, CC BY-SA 2.0
