ROMA, «Ciudad Eterna», donde todas las épocas están representadas a un mismo tiempo en la ciudad. GOETHE en su «Viaje a Italia», en 1786, escribía: ROMA sucede a ROMA, la nueva, la antigua y en cada una están todas las ROMAS diferentes, antiguas y nuevas.
Las Ruinas del Imperio Romano no eran más que una cantera de materiales para la construcción de nuevos edificios y una fuente de esculturas destinadas a embellecer las villas recién edificadas de las familias más nobles de la urbe. Tanto que, en referencia al palacio de los Barberini, se decía: «Lo que no hicieron los bárbaros lo hicieron los Barberinis»…
El COLISEO «Anfiteatro FLAVIO» aún domina la margen izquierda del TÍBER. El historiador BEDA, EL VENERABLE, (siglo VIII) formuló una profecía que da cuenta de la gloria de este monumento: «Mientras siga en pie EL COLISEO, seguirá en pie ROMA. Cuando caiga EL COLISEO, caerá ROMA. Cuando caiga ROMA caerá el mundo»…
La construcción del COLISEO empezó bajo el emperador Vespasiano 70 años d. C. y aunque dañado por guerras y terremotos, y despojado de sus bellos mármoles y elementos ornamentales, EL COLISEO sigue hoy en pie.
Su interior albergó los famosos juegos de gladiadores que constituían parte del entretenimiento de la ANTIGUA ROMA, a las que sumaban muchas con animales y también ejecuciones. Los gobernantes romanos manejaban a la población con el circo y los juegos «PAN Y CIRCO»…
En el siglo XVI, el saqueo de la ROMA CLÁSICA comenzó a dar paso al afán de estudio y conservación de sus antiguos monumentos, vistos como reliquias de un pasado glorioso.
HANS CHRISTIAN ANDERSEN escribió a una amiga en el siglo XIX después de llegar a ROMA que se sentía «un hombre completamente distinto» con una visión más clara del mundo y de la vida. En sus obras aparece una ROMA «parisina», de plazas y calles abarrotadas, que acogía en sus miles de locales a los millares de artistas que llegaban a la ciudad procedentes de todos los países europeos. Era una ciudad habitada por un pueblo cordial, con una filosofía de vida servicial, un mundo de fiestas, de procesiones, de luminarias… donde las ruinas eran sólo el escenario en el que discurría la vida…
ROMA sigue siendo una fábula, y como una fábula debe amarse…
Jierro