Las señales del Camino

Las señales del Camino

Un hito de piedra, señales del camino, que tiene su origen en las primeras señalizaciones de la milenaria ruta jacobea. La ruta compostelana está llena de HUELLAS de los peregrinos que la han recorrido desde siglos atrás.

Un elemento fundamental para que el peregrino se guíe hacia su destino son las señales, un símbolo en el que está implícita la esencia del  CAMINO. Lo importante no es la meta, sino cada paso hasta llegar a ella.

Las flechas amarillas que marcan el recorrido, símbolo universal del CAMINO y de los PEREGRINOS, comenzaron a ser pintadas por el párroco de O Cebreiro y el presidente de la Asociación de Amigos del Camino de Navarra. Ellos fueron los que se entregaron a la causa de mejorar, conservar y señalizar el itinerario…

Encontramos a nuestro paso otras señales como la Vieira en los mojones similares a los antiguos indicadores kilométricos de carretera, también numerosas indicaciones, carteles, señales y avisos hasta el antiguo «ARA SOLIS» FINIS TERRAE, donde encontramos el kilómetro cero.

En tierras navarras, las señales jacobeas coinciden con el sendero de gran recorrido GR 65, con lo que junto a las indicaciones amarillas hallamos las franjas rojas y blancas senderistas. En tierras riojanas encontramos el símbolo de un caracol. En el itinerario castellano-leonés, se entremezclan las señales de los mojones pétreos con criptogramas, modernos graffitis, carteles y avisos. En cualquier caso, nada hay que identifique con mayor fulgor que «las CONCHAS», pues los primeros peregrinos las usaban para recoger el agua para beber de los arroyos que se encontraban en el CAMINO…

Los comerciantes dispusieron puestos a lo largo de la ruta para vender las conchas de Vieira y bastones de peregrinos. La leyenda dice que un caballero fue salvado de morir ahogado por una barca que conducía los restos del apóstol cubiertos completamente de conchas.

«GALICIA es la META», ya venga el peregrino de Francia, Portugal, Andalucía, Levante, Inglaterra… o. simplemente busque caminar 100 kilómetros para alcanzar la Compostelana. Y allí, en esa tierra permanecen «LAS HUELLAS» que parecen empujar al cansado peregrino que con las pesadas mochilas toman impulso en cada una de las CONCHAS que ven en su ruta.

Al final del CAMINO, después de la CATEDRAL de SANTIAGO, el bastón, la mochila y las botas en el suelo, frente al mar en FINISTERRE, una caricia de recuerdo…

Jierro


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