En «La Casita» de LOLA FLORES en Jerez no cabe más arte. Las huellas de la niña LOLA y los caminos del arte convergen en la ciudad de Jerez, en los lugares donde «la faraona» nació y se crió, donde cantaba y bailaba desde que se subía a la mesa del bar de su padre.
Embajadora del flamenco y la copla vistió la época de la España gris con su colorida bata de cola. Su carisma y personalidad rebelde llenó de alegría al cine de castañuelas y mantillas…
Protagonizó películas con papeles que se alejaban de los clichés de antaño donde su duende y el torbellino de esta artista de raza arrasaba por los escenarios de España y México.
«No canta ni baila, pero no se la pierdan», dijo de ella THE NEW YORK TIMES. Ella misma predijo : «Aunque yo muera seguiré viva, seré eterna».
Ha pasado un siglo de su nacimiento y en Jerez se le rinde homenaje porque sigue siendo un poderoso icono cultural, referente para cantaoras, bailaoras y voces del activismo feminista, gitano y andaluz.
«¿Sabes por qué yo estoy guapa?» decía LOLA:
«Porque el brillo de los ojos no se opera, porque lo que sientes por dentro te sale a flor de piel, la belleza de tus sentimientos, de lo que eres, de lo humano, de cómo ves la vida…»
LOLA FLORES, una leyenda de auténtica «raza» en su vida no existió el límite. Irrepetible, llama la atención que su figura siga despertando interés, incluso, entre quienes nunca la conocieron.
Mujer adelantada a su tiempo hablaba libremente de temas como: la violencia contra las mujeres, las relaciones extramatrimoniales, la prostitución…
Por encima de la verdad, estaba su verdad, la que ella creaba y tuvo la capacidad de enganchar a todos los públicos desde los años 40 hasta el 93, siempre estuvo en la cima, a pesar que le gustaba exagerar la realidad, su arte no dejaba indiferente a nadie.
Su nombre sinónimo de arte y de olé, olé…como la llamaban sus nietos… un huracán de figura muy querida por su talento personal y arrollador que hizo época…
Jierro