En el sur de ITALIA en la región de APULIA, dura y agreste pero cálida y envolvente, ropas tendidas al sol se mecen ante las puertas de las casas…
La vida en el Valle de ITRIA es sosegada y tranquila, como de patio de vecinos. Las poblaciones de este valle tienen construcciones milenarias casi únicas con las esencias de una cultura que se extingue lentamente.
Una tierra quemada por el sol en un paisaje de higos, chumbos y olivos, con casas encaladas y de una sola planta, construidas en piedra.
Todo el valle está repleto de estas huellas procedentes de un pasado remoto en que las piedras de los tejados no están unidas por material alguno. Los muros que se encuentran en los caminos también forman un perfecto rompecabezas, lo que se llama «muro de piedra seca».
La capital del valle «ALBEROBELLO» alberga más de 1.400 conos de piedra que, agrupados entre sí, forman una verdadera ciudad. En el valle de ITRIA se conservan más de 20.000 trulli, no siempre habitables.
Sentada a la puerta de su casa, una mujer vestida de riguroso negro nos enseña su vivienda. La casa no tiene más que un comedor y un dormitorio. La mujer habla muy deprisa y espera que al salir le deje una recompensa por abrir su casa y sus recuerdos.
El gran tesoro es divisar desde su diminuta terraza un mar de construcciones con techo cónico, casi idénticas a la suya. La iglesia en medio es más alta, más esbelta con un original campanario.
La economía renace de los trulli convertidos en prósperos negocios, pero pronto nadie sabrá enmendar las grietas y derrumbamientos que sufran las casas…
Los últimos maestros albañiles van desapareciendo sin sucesores. Entonces habrá que ir a buscarlos a hogares similares en Egipto, Judea, Grecia, Sicilia o Cerdeña…
Originalmente las casas eran totalmente cónicas, con el techo que llegaba hasta el mismo suelo, pero en el siglo XV se construyeron las paredes blancas. Las características piedras grises de los tejados son impermeables y se conocen con el nombre de «chiancarelle».
Los símbolos sobre el tejado están pintados a mano con cal y se cree que sirven para salvaguardar los malos espíritus, proteger a las familias del mal de ojo, etc.
Ningún trulli es igual a otro, en el siglo XIX se reconstruían con argamasa para que fueran más fiables. En su interior los trulli apenas tienen mobiliario, debido a sus formas redondeadas y disponen de pequeñas ventanas y sin puertas que dividan su interior. Muchos se han transformado en tiendas, restaurantes y hoteles.
Son Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO…
Jierro
