Soñando bajo la lluvia
por veredas perfumadas,
de alhelíes blancos y azules,
cuanto mi vista alcanza,
en una mañana tibia,
voy recorriendo encantada.
Los días grises con nubes,
cual cristales ahumados,
traen la viva frescura
entre ortigas y malvas,
de un consuelo melancólico,
el del campo renovado.
En el caminillo que baja
hay un eucalipto viejo,
donde leí con nostalgia
en un corazón nuestros nombres,
grabados con una navaja.
Cargados de olores de menta,
almoradujes, albahacas…
El alma y el cuerpo se encogen,
el agua fina embriaga…
Jierro
