¡Que no se apague la esperanza!
En el silencio de la madrugada
cuando suenan tambores de procesiones,
llena de imágenes se ilumina el alma,
subiendo las cuestas a manos alzadas,
en el recuerdo de bellas estampas,
de olor a romero, a cera, velones,
al orden en la fila de los nazarenos,
seguido del coro de antiguos cantores.
Pedimos devotos la paz deseada:
La Virgen nos cubra con sus bendiciones…
Y cuando la gente regresa a casa,
locura de guerra con sus traiciones,
gotean de amapolas, lágrimas granas,
Allá en el horizonte, negros nubarrones…
Jierro
