¡Ay, TIERRA devastada,
tan grande, y cautiva,
de guirnaldas de olas,
que acechan en la orilla!
Prisionera eres ahora
de ese bicho invisible.
¿Quien podrá curarte,
quién sanará nuestras heridas?
Vuela y está en el aire,
sin color ni límite transita,
es un dardo asesino,
su sombra apunta, hiere,
tiene llamas infinitas,
que se clavan de golpe
para romper nuestras vidas.
Cuando salgamos del miedo,
tal vez, en el silencio,
miraremos hacia el futuro
con el corazón despierto…
Jierro
