Las minas de sal son de esos lugares donde uno siente que la realidad supera a la fantasía.
La sal se encuentra ligada al origen de muchas civilizaciones antiguas.
TAKI NI SHIO O OKURU (mandar sal al enemigo) es un dicho popular japonés que lo inspiró una batalla en la que un general hizo llegar sal al comandante de las tropas enemigas en vistas de que el combate se prolongaría.
La sal está llena de mitos y leyendas.
El hombre no puede vivir sin sal, el proceso de obtención de la sal era lento, hacía que su cotización fuera muy alta.
En las regiones que no disponían de producción y debían traerla desde lejos, el valor se multiplicaba. En Ghana, por ejemplo, la sal se cambiaba al trueque por su peso en oro. En la India los británicos se beneficiaban gravando la sal con impuestos desorbitantes y, al mismo tiempo prohibiendo que los hindúes pudieran coger libremente su ración, la sal se volvió un símbolo de independencia colonial…
Quizás por eso, GHANDI la eligió como estandarte en su lucha no violenta, «LA MARCHA DE LA SAL», en 1930. Con el simple gesto de llegar al Océano y coger un puñado de sal con sus manos, desencadenó una avalancha que arrastró, tiempo más tarde, la colonia británica.
En España toparse con los remolinos blancos que parecen espuma del mar en CARDONA es algo que parece magia de la Naturaleza. Un asombro que ha decantado en veneración, en rituales y supersticiones esparcidos por todas las latitudes: Los suecos echan unos granos de sal a la leche para proteger sus vacas; los luchadores de sumo hacen lo mismo para purificar la arena antes del combate…
En Egipto, los religiosos célibes se abstenían de sal ante la creencia que producía excitación sexual. En Alemania los zapatos de la novia se rociaban con sal; en África, ésta mantenía alejados los malos espíritus. Entre los marinos de antaño estaba vedado pronunciar su nombre por cábala y, en el islamismo, se usa para sellar un pacto…
La combinación azarosa de las sales sódicas, potásicas y magnésicas con la arcilla y otros sedimentos resulta en unos diseños de colores espectaculares.
El origen de la palabra, sal, deriva del latín, salarium, que era la cantidad de sal que se le daba a un trabajador (en particular a los legionarios romanos) para poder conservar sus alimentos.
Festejemos que algo tan vital para nuestra existencia sea tan barato y fácil de conseguir como nunca antes en la historia.
Rescatemos sus colores, sus formas la belleza de la sal…
Jierro
