¡Ay, mi niña!
Blanca y de sangre morena,
el pelo al aire, dorado,
parece una sirena
como una rosa de invierno,
creces alta entre las hierbas…
¡Ay, mi niña!
¡Con qué prisa estás creciendo!
viva de genio, cual pimienta,
alegre, saltas y bailas
como una pluma ligera
ya rebelde o sosegada…
¡Ay, mi niña!
Los dulces y secretos mimos
a mis ojos le dan luz,
alientan a mis viejos miembros,
unen lazos misteriosos
cuando entro en tus sueños…
¡Ay, mi niña!
Corre el río, el viento pasa,
sin volver la vista atrás,
yo me quedo contemplando,
tras el día, la noche oscura,
el tiempo se va marchando…
Ay, mi niña!
Jierro
