Siempre que vengo a la mar,
escucho y oigo el murmullo
de las olas que me llaman,
pienso que traen juguetonas
entre los azules turbios,
en los rizos de las olas,
palabras que eché a olvidar,
sobre la espuma blanca.
El dolor de un amor loco,
me dejó desconsolada,
fui hasta el final del morro,
donde salpican las aguas,
el sol, en tanto, se esconde
sumido en la tarde naranja,
la luna aparece valiente,
testigo de las cosas contadas,
y el viento arrastró dulcemente,
para que nunca las hallara,
palabras errantes y ausentes …
Jierro
