El color de la hoja seca
descolorida por la humedad,
del jardín se impregna…
A la caída de la tarde
salían de improviso las hormigas,
en el banco de piedra, en orden,
una tras otra, sin romper la fila.
La niña las contaba en el porche
hasta que acababa la retahíla
que había aprendido en la guardería.
Desde pequeña observaba el camino
que estos animalitos hacían,
retenía en su memoria
el desfile de la comitiva.
De vez en cuando, traviesa,
sacaba a alguna y la ponía
entre las otras ¡SORPRESA!
LAS HORMIGAS SEGUÍAN Y SEGUÍAN…
Jierro
