Estoy viva

Estoy viva

Había apartado los visillos, salió a la terraza,
la vida es un soplo, suspiró…
Sentía el regocijo de su cuerpo al aire,
oía su risa interna solitaria.

Contempló las palmeras y pacíficos de la avenida ancha,
entonces, recordó que tenía el mismo sueño,
reviviendo las tardes de lluvias interminables,
repitió en voz alta: «ESTOY VIVA», ya no es mi dueño…

Aspiró la fragancia dulce que traía la brisa del mar.

Habían pasado treinta años, ahora volvía con calma.

Impasible, sin mover los ojos de la calle,
iba recordando sus visitas a la tienda de la plaza,
escuchó la música de gozo que llevaba dentro,
ya no sufría, trató de olvidar el encierro en su casa,
cuando todas las tardes pasaba por el escaparate para verle.

Él no la quería, sólo tenía con ella, pequeños detalles.

Se alejó de aquel lugar, puso tierra por medio…

Ahora habían curado sus heridas, se hizo fuerte con el tiempo,
ya podría pasar delante de la tienda y mirar dentro…

Jierro


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