lunes, 24 de enero de 2022 – 08:34

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La década de los 60 fue la década del nacimiento de la conciencia ecológica, iniciada por los movimientos contraculturales juveniles y recogida después por la investigación académica.
Se publicó en 1969 un estudio sobre el agotamiento de los recursos naturales y la expansión demográfica y en 1972- 1974 aparecieron los informes del Club de Roma:
» Los límites del Crecimiento» y «La humanidad en la encrucijada».

Nuestro Planeta para muchos es como un inmenso trasatlántico que navega por el Cosmo con su gran carga de pasajeros: de primera, segunda y otras clases hasta los destinados a vivir en la oscura bodega de la nave.
Algunos cientos de millones de personas lo pasan bien, unos mejor que otros. Pero sabemos que, en contraste, la gran mayoría de los pasajeros son sólo «personas marginadas» que viven privadas de todo: y que su aspiración y esperanza básica es elevar su nivel de vida, educación y oportunidades.
Sabemos también que estás esperanzas son irrealizables dadas las actuales reglas y organización; de que reina un estado de injusticia y confusión, intolerable desde el punto de vista político y no digamos del moral…

Los privilegiados de la sociedad que se habían dedicado a consolidar sus riquezas empiezan a darse cuenta de que pueden perder su valor ante los peligros que nos acechan en el futuro.
Síntomas y pronósticos nos dicen que uno de los reacomodos revolucionarios que de vez en cuando, aquí o allá, han agitado la estructura vertical de la sociedad, va a ocurrir de nuevo; pero esta vez en todos los grupos humanos…

La Tierra puede cambiar:
El MAR MENOR y DOÑANA son dos ejemplos de lo que está ocurriendo en muchísimos lugares de nuestro Planeta.
Nuestras generaciones lucharon por conseguir un mundo mejor. La NUEVA GENERACIÓN tendrá que luchar aunque simplemente sea para conseguir que el PLANETA siga vivo…

Jierro


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