También la lluvia se esconde
entre las nubes y el cielo,
no escucha nuestras plegarias,
quiere que reflexionemos,
vivamos la primavera
sin que pase un sólo día
con ilusiones sin término.
Reírnos aún sin ganas
dispuestos a comprar fantasía,
ajustando los momentos,
pués tal vez ni con esa magia,
se paren las manecillas
del reloj que marca el tiempo.
De la flor silvestre del campo
debemos tomar ejemplo:
tan débil, bella y tierna,
siempre erguida en su puesto,
consintiendo a las abejas
que le roben de su néctar
o a las lindas mariposas
que reposen en sus pétalos.
¡Ya puedes abrazarnos, lluvia,
no queremos tu recuerdo!…
Jierro
