Llegan hormigas alúas,
predicen la lluvia y el frío,
nacieron flores silvestres
al borde de los caminos,
encajes de yerbas tienen
por la brisa y el rocío;
pero los campos sembrados
que el otoño no regó,
aquella tierra que el hombre,
labra y ara con sudor,
apenas levanta un palmo,
el verde que la cubrió.
Las ásperas ortigas ciegas
se doblan mustias al sol,
añoran las sombras frescas,
viviendo en terrenos yermos,
donde nadie, ni siquiera,
sus amigos caracoles,
escondidos, las encuentran.
Esperan que el triste invierno,
traiga lluvias en primavera…
Jierro
