Situada en el Océano Indico, frente a la costa sudoeste del continente africano, MADAGASCAR es una isla que sólo con oír su nombre nos empieza a fascinar desde lejos, se trata de un lugar que en sus 587.040 kilómetros cuadrados, alberga gran variedad de climas y ecosistemas.
Allí se encuentran los baobabs del «PRINCIPITO», el intenso aroma a vainilla impregna algunos lugares y los lémures viven libres en la selva…
A MADAGASCAR la llaman «La Isla Roja» por el color de su tierra arcillosa. Entre las verdes colinas del altiplano corren ríos de agua naranja que se llevan la tierra hasta el mar. La erosión producida y la tala de árboles para obtener carbón y madera, más la agricultura itinerante han herido profundamente el paisaje malgache. No obstante la diversidad climática de MADAGASCAR que abarca desde el trópico hasta el desierto permite una variedad paisajística asombrosa…
MADAGASCAR es un trozo de tierra que se desgajó del continente africano hace 160 millones de años. En la capital ANTANANARIVO, una populosa ciudad de casas bajas en tonos ocres y blancos que se desparraman sobre suaves colinas viven gentes de aspecto oriental, negroafricano o con cualquier mezcla imaginable.
El caos de las polvorientas y sinuosas calles y el ruido de los motores contrasta con el silencio de los malgaches que venden en el mercado. Los habitantes de este país, alrededor de 30 millones, se enfrentan a uno de los crecimientos demográficos más elevados de ÁFRICA y la pobreza crónica, donde la esperanza de vida ronda la cincuentena…
Las chozas de arcilla parecen abrumadas por la altura de los campanarios de las iglesias, aunque los misioneros no han erradicado las creencias animistas, «ser fady» tabú…
En la selva cerrada crecen bambúes, pandanus, ébanos, polisandros, orquídeas y helechos. Y escondidos entre el follaje los lémures morenos. Son las joyas de la fauna malgache. Al norte de la selva surgen vides, cañas de azúcar y plantaciones de té. El ambiente es más seco y grandes rebaños de cebúes pastan en la tierra de los «bara», pastores armados con lanzas, ladrones de ganado. En la sabana llueve con violencia, la pista arcillosa se convierte en un río plateado y las nubes se tiñen con los verdes, rojos, azules y dorados del crepúsculo.
En la ciudad de HALAKA los buscadores de zafiros han dejado el territorio como un queso gruyére, a la población de casas de colores protegidas con pinchos y telas metálicas no se atreve a entrar ni el ejército… Y por fin, tras bosques de hojas caduca, pitas, palmeras, arbustos y un sol de justicia, EL MAR…
Jierro