Viajar a CAPRI es hacer un doble viaje, asomarse a sus vertiginosos «Farallones» o viajar en el tiempo a través de las culturas arraigadas en la isla.
Hacia mediados del siglo XIX empezaron a llegar visitantes atraídos por el clima y la hospitalidad de sus habitantes. Una lista de personajes del cine, políticos, pintores, intelectuales, escritores, etc. eligieron la isla como residencia temporal o habitual y testimoniaron sobre la belleza del paisaje.
El paseo alrededor de la isla, pasada la Punta de Gramola, se llega a la «Grutta Azurra» (Gruta Azul). Dentro irradia una fulgurante luz turquesa, por la refracción de la luz solar.
En la «ODISEA» de Homero relata las aventuras de Ulises durante su regreso a Ítaca y al pasar por Capri en el mar Tirreno escuchó el canto de las sirenas que hechizaban a la tripulación, él se tapó los oídos con cera y se encadenó al mástil de la nave, para evitarlo…
Existen dos puertos: Marina Grande y Marina Piccola. Pasada la Punta de Tragara, hay tres «Farallones», tres enigmáticos colosos de roca que emergen de las profundidades. Se puede contemplar la espectacular casa que se hizo construir el escritor Curzio Malaparte.
CAPRI tiene dos poblaciones principales: CAPRI y ANACAPRIO. Es pintoresca, cosmopolita, apenas hay tráfico rodado. Dos son los barrios que dividen al pueblo, el más antiguo «medieval» llamado LA BOFFE, debido a su arquitectura de casas pequeñas y patios cerrados y atravesado por sinuosas calles para defenderse de los piratas.
Dejando atrás las callejuelas y siguiendo la ruta de los miradores hay una zona de acantilados donde fijó residencia como exiliado, Pablo Neruda junto a Matilde Urrutia. Frente al mar, como a él le gustaba escribió «Los Versos del Gran Capitán».
Disfrutando del aroma a jazmines, azahares, lavandas, mezclados con las sales de la brisa del mar nos sentamos en una terraza a contemplar desde las alturas el azul inmenso, saboreando un limoncello, licor típico de la isla y escuchando aquella vieja canción «Capri C’est Fini».
Jierro
