Y si hasta el siglo XV se podían encontrar en toda Europa pequeñas aldeas separadas por bosques inmensos, prometedores de una riqueza sin fin, con la tierra, los campesinos, los artesanos, los señores feudales, los curas y las peleas por la posesión de las cosas entre todos ellos, la cosa cambió al llegar unos extranjeros venidos de la maravillosa ciudad de Venecia, que traían pimienta para eliminar el gusto rancio de la carne pasada, cosas de cristal y otras mandangas por el estilo, y que COMERCIABAN, al cambiarlas por otras cosas más «vulgares» como oro, mantequilla, miel, tejidos… Con el TRAPICHEO del comercio hemos llegado hasta el siglo XX…
La cosa está sólo en ver hasta dónde pueden llegar todavía las variantes del mismo, porque variantes hay muchas. La bomba de la inmigración es de recarga retardada y su inminente explosión se toma como un fenómeno o espectáculo que se contempla a través de la televisión de pateras y cayucos a la deriva, como si de una película de contrabandistas y piratas se tratara…
Se hace difícil de entender como este sucio negocio no se controla si, además, se sabe dónde radica el problema, dónde están las MAFIAS, quiénes son y dónde se refugian unos y otros por lo que es obligado pensar que si todo este TRAPICHEO y negocio no favorece también a los que tienen la responsabilidad de solucionar el problema…
Se dice, por parte del gobierno español, que se trabaja en esto desde hace años, pero todo se queda en meras intenciones, en algún que otro miniacuerdo con Marruecos y Mauritania y el montaje de algún que otro dispositivo de control y que la realidad nos dice que bien poco se ha avanzado.
Son parches ante un problema sangrante, pero siempre desde el silencio que este TRAPICHEO con personas siga y ante la gravedad del problema, lo que se hace es mirar para otro sitio, pasar la pelota de unos a otros, pero muchos son los responsables porque tienen poder y decisión negociadora para que esté TRAPICHEO continúe…
Jierro
