Eran los últimos trovadores del siglo XX. Ellos, también se llamaban cantautores, pues componían versos, les ponían música, tocaban algún instrumento e iban de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, cantando y recitando su poesía…
Roberto era uno de ellos, aunque pertenecía a un grupo que procedían de la ciudad de León… Cuando llegaba el verano, se juntaban con otros de distinto sitio y hacían una ruta por los pueblos de España, para ahorrar un dinerillo que gastaban para estudiar en el invierno y, de paso, hacían turismo y conocían su país…
Cuando llegaban a una ciudad, se dirigían al parque o a la plaza. Como eran forasteros, atraían las miradas de la gente del lugar… Empezaban entre ellos a jugar al Marro y a la Tala, juegos que se desconocían en muchos lugares y así hacían amistades con los que miraban…
En el juego del Marro, participaban muchas personas; ya que no era preciso de disponer de material especial, pues lo importante era tener una buena velocidad de carrera…
Jugaban también a la Tala que consiste en dar con un palo a otro pequeño y puntiagudo, colocado en el suelo, hacerlo saltar y volverlo a golpear…
Así, juntaban un grupo numeroso, luego quedaban con ellos para hacer un recital poético por la tarde en la plaza… La misma gente hacía la propaganda de boca a boca y traían a sus amigos y familiares, que se acomodaban como podían…
Empezaba Roberto tocando el laúd y lanzando piropos a las doncellas: BAJO LA SOMBRA DEL PERAL, ESTÁ LA NIÑA GUAPA Y JUNCAL… Los demás componentes del grupo lo acompañaban con violines, vihuelas, panderetas, flautas etc… y, poco a poco, los vecinos se animaban a salir a bailar…
Luego le tocaba el turno a Luciano: ENTRE ALGARROBOS Y OLIVOS, HAY UNA NIÑA QUE YO NO OLVIDO… Cada vez, la fiesta era mas familiar y auténtica y los vecinos también contestaban: LOS QUEJIGOS Y LAS ENCINAS, COBIJAN A LA NIÑA MAS GUAPA Y FINA…
Las mozuelas, se animaban y perdían el pudor de salir a bailar ante el público, ellas mismas contestaban a la Trova: CUANDO LOS ALMENDROS SE VUELVAN NIEVE, VENDRÁ El MOZO QUE A MÍ ME QUIERE… Y así seguía el juego de dimes y diretes…
Pasaban unos días y con el dinero que habían aportado los vecinos, marchaban a otro sitio a vivir nuevas experiencias…
Habían aprendido también de la gente del pueblo y por el camino ensayaban: ENTRE NARANJOS Y LIMONEROS ESTÁ LA NIÑA QUE YO MÁS QUIERO… decía Roberto. A lo que le respondía Luciano: ENTRE EL POMELO Y EL LAUREL, me espera la niña de mi querer…
Jierro
